lunes, 2 de enero de 2012

Mis libros de 2011

El año pasado puse por primera vez mi top de los 10 libros que más me habían gustado del 2010 y repito acá la temática. No son libros que se publicasen este año, ya que no suelo estar nunca al corriente de los nuevos lanzamientos (al menos que sea un éxito comercial, como Harry Potter), así que igual viene alguna obra vieja pero que me pareciera de importancia. Pasemos, pues.

10.- Diario - Ana Frank

Un libro reglamentario, o al menos eso se dice. En momentos me resultaba bastante detestable, y supongo que es lo correcto: a final de cuentas, es un libro escrito por una niña en una situación poco humana. Detestable, aclaro, por la óptica y el criterio que Ana Frank solía aplicar dada la situación lamentable; pero, como dije, creo que así debe ser: su grandeza no reside en su calidad novelezca (que la tiene), sino en su papel testimonial y anecdótico.

Libro

09.- Seres fabulosos de la mitología - Joseph M. Walker

Lo encontré por casualidad en una librería Gonvill y fue otro amor a primera vista. Más rico en cantidad que el manual que Borges publicara en su día, se ahoga en momentos en criaturas innecesarias, todo producto de un criterio de consideración que es más flexible que el del autor argentino u otros escritores con obras similares.

Libro

08.- El sueño del celta - Mario Vargas Llosa

Con la euforia del premio Nobel dado a Vargas Llosa en el 2010, decidí leer por primera vez algo de él, así que me fui directamente con su última obra. El sueño del celta es la historia novelada de Roger Casement, diplomático irlandés de importancia crucial en la denuncia de los abusos de los imperios europeos en África y sudamérica, especialmente en Perú, hogar de Vargas Llosa. Un libro que me encantó no sólo por su narrativa, fluida y dinámica, sino también, y esto en un desplante de banalidad personal, por el manejo de la homosexualidad del protagonista de parte de Vargas Llosa, magnificando los problemas exteriores de Casement con sus demonios interiores.

Libro

07.- Leonora - Elena Poniatowska

Novela que retrata la vida de Leonora Carrington, gran pintora surrealista inglesa que radicó en México desde 1942 y que falleció en mayo de 2011. Es la primera obra que leo de Poniatowska y, aún sin saber si ha sido por su pluma o por su protagonista, he quedado fascinado. Mención especial a su presentación, de esas de amor (y qué amor) a primera vista.

06.- El laberinto de la soledad - Octavio Paz

Sin nada qué decir que no se haya dicho ya. Como 1984, fue de esas obras que, literalmente, me cambiaron la visión del mundo, y que igual debí haber leído hace algunos años. Ante los tiempos tan turbios del país, por decir lo menos, son necesarias este tipo de lecturas.

Libro

05.- 1Q84 - Haruki Murakami

Publicado en México por Tusquets como dos libros (originalmente son tres), la obra más grande y ambiciosa de Haruki Murakami no necesariamente es la mejor, en especial en su recta final, el tercer libro. En cualquier caso, es la novela del japonés a la que más cariño le he tomado.

Libro

04.- Juego de tronos - George R. R. Martin

Aún no lo termino de leer, pero de las veces que me ha arrancado el aliento siento que debería incluirlo aquí. Dada la recomendación de Humbet C Christopher y con la cantidad de alabanzas de la serie de televisión a la que se ha adaptado, me hice de la edición de Plaza Janés, la cual aprovecha el tirón mediático de la serie de TV y pone a Sean Bean en la portada, en su papel de Eddard Stark, el protagonista principal. Con un entramado de intrigas que mantiene la tensión a cada paso, Canción de hielo y fuego, la serie a la que pertenece este primer libro, bien podría ser mi nueva adicción literaria. Un encanto.

Libro

03.- El cementerio sin lápidas y otras historias negras - Neil Gaiman

La gente de Roca Editorial, encargados también de la publicación de El libro del cementerio, creyó que M is for magic no se vería tan atractivo traducido de modo literal, así que decidieron darle el título ya mencionado. Un cúmulo de cuentos del señor Gaiman, destilando el estilo clásico del autor y que, aunque son del género fantástico, se mueven bajo distintas temáticas.

Libro

02.- Cuentos completos - Jorge Luis Borges

De editorial Lumos, un libro con los cuentos de Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph, El informe de Brodie, El libro de arena y La memoria de Shakespeare. Ignoro si existía ya un recopilatorio de la obra de Borges y cuál es su calidad, pero éste me parece maravilloso y con una presentación elegante y pulcra, aunque tengo la sensación que mucha gente no lo considera así. El libro que más releí en el año.

Libro

01.- El cuaderno dorado - Doris Lessing

Autora ganadora del Nobel 2007, El cuaderno dorado era una lectura pendiente desde entonces, con la insistencia de un amigo de hincarle el diente a esta obra en específico. Es una novela sumamente pesada tanto en estructura (cinco historias en paralelo) como en temática, cargada de matices y sentimientos sobrecogedores, todo impregnado de melancolía. Leerlo me pareció, ante todo, un triunfo.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Mis cómics de 2011

Inicio el fin de año con mis tradicionales listas. Durante esta semana y la próxima aparecerán las de películas, música y videojuegos (una sola) y libros. Acá les dejo la de cómics, un poco parecida a la que ya hice para otro blog, Índice, pero esta es completamente personal.

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La lista de las 10 series de cómics que más me entretuvieron este año, las que más disfrute. Aunque todas son una recomendación enérgica y me parecen de lo más rescatable de entre lo mainstream, no me parecen aptas para todo público. Sea como sea, disfruten.

Action Comics

10.- Action Comics (The New 52)

Siento una aversión insana por el trabajo de Grant Morrison. Me parece un escritor pretencioso que suele ahogar sus obras en una pasta de ideas metafísicas, metatextuales, metaficticias y meta todo. Sin embargo, cuando deja de lado estas tendencias —casi siempre al servicio de DC o Marvel— suele dar con cosas más de mi agrado. Después de esa joya inestimable que es All-Star Superman, alguien en la editorial debió creer que el superhéroe por antonomasia tendría un futuro brillante en el relanzamiento de la línea editorial si tenía a Morrison como su creador y helo ahí: los primeros cuatro números de Action Comics, dedicados a narrar la fundación del mito... una vez más.

JIM

09.- Journey Into Mystery

Cuando leí el primer número de Journey Into Mystery pensé que esto estaba escrito por Neil Gaiman (un halago, para quien no conozca al citado autor). Resultó que todo era obra de Kieron Gillen, guionista que ha ido in crescendo este año dentro de Marvel y quien ha convertido a un tie-in de Fear Itself en una de las series más destacadas, a mi parecer. Tiene, además (y como ya mencioné en Índice), al pequeño Loki, uno de los personajes más entrañables del año y quizá una de las reinvenciones de villano más afortunadas en años.

Tiny Titans

08.- Tiny Titans

Ganadora del premio Eisner como mejor serie infantil, Tiny Titans debe ser la serie del año que mejor me hizo sentir. Cada número es un par de sonrisas aseguradas, como mínimo, y es una bocanada de aire puro y saludable en el panorama del cómic mainstream. Además, y como buena obra infantil contemporánea, contiene una doble lectura que, en lugar de apelar al sexo o algún tema "maduro", apela, irónicamente, al mismo humor inocente pero en un nivel más elaborado, para los conocedores de cómics —no hay más que ver el maravilloso número 46, una cachetada con guante a la propia DC y sus decisiones editoriales—. Amena, divertida, entrañable en ocasiones y totalmente recomendable como lectura infantil, es un must reglamentario en mi mes a mes.

Animal Man

07.- Animal Man

Animal Man es algo que creo que se vio venir cuando nos mostraron las primeras páginas de la serie en el relanzamiento de la línea editorial de DC: una obra de proporciones artísticas desmesuradas en comparación con la de otros títulos y que, aún así, comercialmente pasaría más bien desapercibida. Pablo Alva escribió que el arte de la serie, a cargo de Travel Foreman, resultaba incómodo por momentos, con lo cual no podría estar más de acuerdo: posee una crudeza y rudeza muy marcada, siempre al servicio de la serie y, en ocasiones, pareciendo dirigirla. La sorpresa más grata del relanzamiento de "los nuevos 52", y una de las series a tener en cuenta en el 2012.

USM

06.- Ultimate Spider-Man y Ultimate Fallout

Larga vida a (Ultimate) Peter Parker, un personaje tan entrañable y carismático que duele su ausencia. Aunque el movimiento editorial de la muerte de Spider-Man parece orquestado en pro de las ventas, Bendis ha sorteado toda la situación de modo admirable, manteniendo la frescura y el contacto con sus lectores jóvenes a través de Miles Morales, quien ha heredado el manto del Hombre Araña y que, hasta el momento y contra los pronósticos, se está ganando el título a pulso.

Locke & Key

05.- Locke & Key

Cuando le digo a todo mundo que esto me parece una mezcla entre American Horror Story y Sakura Card Captor, lo digo en el mejor de los sentidos. Joe Hill y Gabriel Rodríguez comandan las aventuras de la familia Locke, un buque que lo mismo navega contra asesinatos y violaciones que contra seres del inframundo, manteniendo siempre un hilo conductor atractivo y brillante. Mi serie revelación del año.

Hellboy

04.- Hellboy: The Fury

Siendo éste el final del largo camino que ha recorrido el gran mono rojo durante años, uno no puede evitar emocionarse. Aunque admito que el atractivo mayor de la obra se encuentra dentro de su propio contexto, su calidad a nivel argumental y artístico no tiene ningún desperdicio, cumpliendo como un aporte inmenso a la gran mitología fantástica de Chicoinfierno y sus amigos.

Future Foundation

03.- Future Foundation

Aun con mi repudio por los argumentos enredados y que buscan el efecto "bola de nieve" en su desarrollo, sería una grosería ignorar lo que ha hecho Jonathan Hickman con la emblemática familia de superhéroes, en la que ha trabajado a conciencia el espíritu de aventureros y la identidad como familia, la cual ha sufrido un considerable cambio, pasando de ser un grupo de seis integrantes a todo una sociedad proactiva, todo con ese tufo a ciencia ficción clásica que a tantos nos ha enamorado.

Hark A Vagrant

02.- Hark! A Vagrant

Quiero pensar que, en el futuro, esta inmensa obra será considerada como el reflejo más fiel y nítido de los geeks de nuestra generación. Kate Beaton, la mente —el espíritu— detrás de todo esto, derrocha una candidez y un amor por la cultura pop que sólo puede dar como resultado la comunión entre lo hilarante, lo cínico, lo ridículo y lo infantil en una mezcla de proporciones exactas. Citando de nuevo a Pablo Alva: "Beaton logra, en efecto, borrar la línea entre la alta y la baja cultura (o más bien, confirmar que tal división es falsa) mezclando elementos, lenguaje y personajes de ambos extremos del espectro (de Wonder Woman a Rosalind Franklin, pasando por Benito Juárez, Nancy Drew, Jane Austen o Emma Goldman) y se apropia de ellos con un humor que los vuelve más cercanos, humanos e hilarantes."

X-Force

01.- Uncanny X-Force

La serie sobre el escuadrón de asesinato de los X-Men es, simplemente, lo mejor del año en cuanto a series de superhéroes respecta, una muestra de lo que es una historia sincera, sin pretensiones, sin desperdicios ni excesos y sin otro motivo que contarte una historia y contártela bien, de modo entendible y entretenido, con solvencia y con cariño. Mi serie del año por lo dicho, porque en un panorama comiquero que, o alcanza cotas mediocres en lo narrativo y lo artístico (ahí tenemos a casi todas las nuevas series de DC) o se complica a sí mismo con historias infumables o a merced de decisiones editoriales absurdas (ahí tenemos la perspectiva de Marvel en el 2012), X-Force es el tiro de gracia con la bala de plata. Imperdible si lo que se busca es una historia y unos personajes que, incluso con años de explotación o con una trayectoria poca conocida, pueden darnos todavía aventuras trepidantes y sembrar emoción en el corazón.

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Batwoman

Mención especial: (el arte de) Batwoman.

Escrita y dibujada por J. H. Williams III, Batwoman es una serie que, más que leerse, debe contemplarse.

Batwoman

Batwoman

Photobucket


Batwoman

Mi problema con la serie, por decirlo de algún modo, es que creo que la historia sigue siendo del montón, sin ningún punto destacable hasta el momento, y que el arte sobrepasa por mucho no sólo a ésta, sino a todo el cómic en general, trabajando en contra de la integridad de la serie. Una opinión totalmente personal, aclaro, pero que me parece considerable.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Oh, navidad

Creo que este año he alcanzado la suficiente longevidad para dejar de emocionarme por la navidad. Aunque la personita materialista en mí nunca puede resistirse a una buena tanda de regalos o al espíritu de consumo humano (porque sí: no sé qué está mal conmigo, pero me gusta ver a la gente gastar), esta navidad, o más bien todo el preámbulo, me pareció totalmente intrascendente, sin ningún punto de consideración o algún detalle que encendiera algo en mí.

Pese a todo, hoy, a punto de finalizar el 25 de diciembre, puedo decir que la disfruté mucho. De hecho, puedo decir oficialmente que ha sido la más amena de entre las que recuerdo. Le puedo renegar muchas cosas a mi familia, pero agradezco infinitamente que no sea de esas cliché que usan la reunión navideña para echarse en cara envidias, corajes ni recelos acumulados durante el año, como tantas películas gringas nos han retratado desde los albores de la humanidad. He oído historias escabrosas y, reitero, no saben qué feliz me hace tener una familia que se reúne sólo para darse buenos deseos, obsequiarse cosas, comer algo juntos mientras platicamos y jugar lotería.

Mi trago amargo viene, en todo caso, en pensar en lo de siempre: la pobre gente de allá afuera. Al salir de mi casa hoy, navidad, lo primero con lo que me he topado es con un indigente en la esquina de la cuadra, descansando debajo de un árbol. Hubiese querido ofrecerle comida, pero caí en cuenta de que no sé cómo tratar con la gente así. No puedo evitar el prejuicio, supongo. Mi abuela también sacó el tema durante la comida, hablando de toda la gente que debe soportar frío sin un hogar, sin familia y sin comida. Cosas de las que todos somos conscientes pero que preferimos hacer a un lado en pos de la felicidad del día. La pequeña culpa del burgués.

En fin, feliz navidad. Soy feliz, al menos por hoy. Les deseo lo mismo.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate

La esperanza no es lo último que muere. Creo que el amor puede morir después de la esperanza, e igual el odio, así como el miedo.

El amor de los padres, por ejemplo. Si un hijo ha desaparecido, la esperanza lo mantendrá con vida. La esperanza explotará al máximo la capacidad del padre de calcular: tomará en consideración cada variable, por más mínima que sea. Explotará todos los escenarios, las fluctuaciones de azar, las convergencias de situaciones improbables pero no imposibles. La esperanza establece una lógica inquebrantable (para quien se entrega a ella) en la que la vía con menos posibilidad es tan válida como la que conjuga la mayor probabilidad, que para quien no vive en la esperanza brilla por su supremacía, por su evidencia. "No, tu hijo no ha desaparecido porque haya escapado y se encuentra a salvo en otro lugar muy lejano. Él está muerto, murió hace tiempo, y quizás nunca sepamos dónde, cuándo y por qué."

Curiosamente, creo que no se puede vivir ni sobrevivir sin esperanza. Se puede andar sin amor, se puede andar sin miedo, se puede andar sin odio pero no se puede andar sin esperanza. No contradice a lo que en un principio enuncié: quien es temeroso, pierde la esperanza y muere por ello sin antes enfrentar a su monstruo, perpetuará el miedo tanto como su presencia persista. Todo trasciende menos la esperanza, porque la muerte de aquel que conjuraba un milagro (un mundo mejor, un ser perdido, una vida más satisfactoria) y no lo consiguió es una afrenta directa a la esperanza de quienes lo rodeaban: "Este hombre no sólo no ha conseguido su fin, sino que ha muerto en el proceso de esperar. Y mi destino es tan exacto como el de él."

¿Es correcto alimentar la esperanza? No sé. Debe tener una justa medida, eso sí. Y quizá deba alimentarse por sí sola y exclusivamente con lo necesario, aquello que no la engorde ni la atrofie sino que la mantenga funcional y ligera, en forma, lista para cualquier situación. Las esperanzas gordas son difíciles de tratar, pues son pesadas y, por lo general, están llenas de porquerías; y las muy flacas, malnutridas, son inservibles y están en perenne agonía.

Y, ante todo, hay que comprender que la esperanza vive en relación contigo y con tu entorno. De eso se alimenta, justamente. Puede ser selectivo con tu entorno: puedes hacer caso omiso a ciertas cosas y tomar en cuenta sólo lo que más apetece para que tu esperanza esté rebosante de salud. También puedes mirar el mundo sin discriminación: mirarlo todo los días, conocer a las personas, involucrarte en la comunidad. Saber qué pasa en el mundo.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Hojas al viento

The Tree of Life

Da la impresión de que The Tree of Life (2011) es una película que le salió al revés a Terrence Malick. Dividida en dos bien delimitadas "secciones", la película invita a un ejercicio de meditación a través de la introspección y la contemplación, divagando sobre una de las cuestiones más nucleares, si no es que la más, de la identidad humana: la vida y la muerte.

Salió al revés, decía, porque, y esto hablando a nivel personalísimo, logró lo contrario de lo esperado: mientras que su lado "convencional" me pareció digno de contemplación y una invitación a cuestionarme lo mundano de la vida, su parte "abstracta", compuesta por escenas donde se estampaba la sucesión de fenómenos naturales —algunos prehistóricos—, me pareció una vacua serie de clips que, además, ocasionalmente echan mano de la voz en off, alejándolos todavía más de ser piezas sui generis (o pretensiones de).

FamilyTreeOfLife

Su acierto más grande es el elenco, siempre competente a la hora de retratar la vida familiar típica estadounidense de los años 50. La dos polos paternales en la película, el del padre recio y duro que educa con mano firme y el de la madre con espíritu libre y amor por la vida, resultan una metáfora que funciona gracias a un Brad Pitt y una Jessica Chastain que se adecuan tanto en lo actoral y en lo presencial, cumpliendo incluso a nivel físico y de apariencia. Lo mismo ocurre con los hijos, que son el núcleo del drama filosófico y los detonantes para la mayoría de los momentos introspectivos, todo acorde a su papel de entes sumisos al designio de las fuerzas tan poderosas como contrarias que los rigen y como personas en desarrollo, en etapas cruciales de la vida. Mención aparte para Sean Penn en un papel que, aunque intenta darle un sentido más profundo, su personaje, modesto pero correcto —el hijo mayor del matrimonio ya crecido, que mira en retrospectiva su vida—, es totalmente prescindible.

Sin embargo, tanta buena ejecución —que también puede presumir de excelente fotografía y estética, dicho sea de paso— se ve opacada por su montaje y la intercalación con la "sección abstracta" del filme, algo que está levantando pasiones entre mucha gente, y con justa razón. Y es que, más que cuestionar en sí la forma del film —respetable en cualquier cineasta—, es interesante ver la benevolencia que están teniendo hacia éste sólo por, infiero, tener el nombre de Terrence Malick a sus espaldas, cuando, tratándose de cualquier otra persona, se criticaría como un elemento facilón y con poca propuesta, que cae en muchos lugares comunes y que no logra acoplarse a la otra "sección" del filme tan bien como se quisiera. Peca, incluso, de tener ocasionalmente una estética de videoclip genérico, sin un esfuerzo por buscar nuevas perspectivas de la naturaleza. Sus tomas parsimoniosas de la naturaleza terrestre, sus escenas en CGI de la prehistoria y del espacio y sus secuencias químicas psicodélicas son, por decirlo de un modo, irónicas: aunque tienen una función clara dentro de la película, no están presentadas de modo que se justifiquen, que merezcan un lugar al lado de su otra sección.

Aunque la decisión de Malick o de cualquier artista sobre la composición de su obra no es cuestionable en términos comerciales, la falta de dinamismo en su narración es algo que vuelve muy pesado a todo el conjunto, opacando además a la historia familiar, la cual debería, considero, ser la que lleve la batuta, la que encuentre un espacio dentro del apartado naturalista, y no funcionar como una mitad escindida con brusquedad de su otra parte pero empaquetada a fuerza con la misma. Malick no logra el equilibrio necesario, y aunque hay cierta belleza en ambas partes y cierto encanto en la intercalación de narraciones, pudo haber más destreza en su unión y presentación.

martes, 8 de noviembre de 2011

Los hijos de La Malinche

La producción en masa se logra a través de la confección de piezas que luego se unen en talleres especiales. La propaganda y la acción política totalitaria —así como el terror y la represión— obedecen al mismo sistema. La propaganda difunde verdades incompletas, en serie y por piezas sueltas. Más tarde esos fragmentos se organizan y se convierten en teorías políticas, verdades absolutas para las masas. El terror obedece al mismo principio. La persecución comienza contra grupos aislados —razas, clases, disidentes, sospechosos—, hasta que gradualmente alcanza a todos. Al iniciarse, una parte del pueblo contempla con indiferencia el exterminio de otros grupos sociales o contribuye a su persecución, pues se exasperan los odios internos. Todos se vuelven cómplices y el sentimiento de culpa se extiende a toda la sociedad. El terror se generaliza: ya no hay sino persecutores y perseguidos. El persecutor, por otra parte, se transforma muy fácilmente en perseguido. Basta una vuelta de la máquina política. Y nadie escapa a esta dialéctica feroz, ni los dirigentes.
El mundo del terror, como el de la producción en serie, es un mundo de cosas, de útiles. (De ahí la vanidad de la disputa sobre la validez histórica del terror moderno.) Y los útiles nunca son misteriosos o enigmáticos, pues el misterio proviene de la indeterminación del ser o del objeto que lo contiene.

Octavio Paz, en El laberinto de la soledad.

lunes, 31 de octubre de 2011

Pesadilla en Ciudad Arkham

Arkham City

La ola de adaptaciones de cómics de superhéroes a la pantalla grande en la última década trastocó también a la industria del videojuego, dando a luz a un conjunto de pobres resultados y que ha forjado una sólida tradición de juegos mediocres. De ahí que, en 2009, nadie esperara nada de Batman: Arkham Asylum, enésimo juego de superhéroes que, aunque no estaba basado directamente en la cinta The Dark Knight —estrenada el año anterior con éxito de crítica y taquilla, cuyo videojuego nunca salió a la luz—, parecía intentar colgarse de la fama de la mencionada película sin ofrecer material consistente. Craso error, pues Arkham Asylum no sólo resultaría un juego formidable y uno de los sleepers más sobresalientes en años, sino que pasaría a la historia como el mejor juego del hombre murciélago y, con mucha probabilidad, como el mejor videojuego de superhéroes hasta el momento.
Un año después, Rocksteady y compañía anunciaban, con un tráiler que exudaba buenos augurios, la secuela del aquelarre en el infame asilo: Batman: Arkham City.




Escrita por Paul Dini, la historia de Arkham City quizá podría ser su punto débil, o al menos así se muestra en el planteamiento: Quincy Sharp, alcaide del asilo Arkham durante los eventos del primer juego (acaecido hace un año dentro de la cronología del juego), ha recibido todos los méritos por la contenida fuga de villanos de la institución, lo que lo catapulta para una carrera política que termina otorgándole la alcaldía de Gotham. Siendo la inseguridad el problema característico de la urbe, opta por una alternativa radical: “remodelar” viejos distritos de la ciudad y separarlos de la ciudad con una muralla, convirtiendo esta nueva zona en un lugar de aislamiento masivo para criminales que terminará convirtiéndose en Arkham City*. Al mando de Hugo Strange, un total desconocido que trabaja junto con el equipo Tyger de seguridad para contener las amenazas pertinentes, Arkham City se convierte en una obra criticada y no exenta de polémica. Buscando desactivar la bomba de tiempo que implica, Bruce Wayne se convierte en una voz política contra Arkham City, siendo secuestrado en uno de los discursos por los agenes de Tyger y encerrado en Arkham, no sin antes encontrarse con el doctor Strange y enterarse que éste conoce su identidad como justiciero enmascarado.

En la cuestión técnica, los logros de Batman: Arkham City se basan en la relación que se establece entre el personaje en su entorno. El cambio de los claustrofóbicos muros de Arkham Asylum a las calles despejadas de Arkham City se muestra, al jugar, como la opción lógica de evolución del juego y como elemento que afianza ese sentimiento tan bien logrado en el primer juego de que en verdad éramos Batman. Siendo la relación entre el avatar virtual y su entorno el mecanismo clave de un videojuego, las posibilidades de Batman y la riqueza y plenitud de su entorno convierten a este juego en excepcional, pues los dos elementos han sido trabajados con mimo y paciencia. La que más resalta es Arkham City, no sólo por ser la novedad, sino porque Rocksteady creó una metrópoli que en verdad respira, que tiene vida y llena de detalles que la hacen interesante, digna de ser investigada. Batman, por otro lado, repite casi todo el esquema del juego antecedente (en estética y funcionalidad), aunque cabe recalcar el agregado y mejora de ciertos movimientos en el sistema de combate, dejando una gama impecable de técnicas y sortilegios a la hora de luchar, pues la inclusión de los batigadgets en las confrontaciones —batarangs, gel explosivo, pistola de gancho…— se ha vuelto más intuitiva, más fluida.

El abanico de personajes nuevos bebe con conocimiento de la mitología de Batman: a los regresos del Joker y Harley Quinn, Poison Ivy, Bane, Victor Zsasz y The Riddler, se les agrega las incorporaciones de The Penguin, Harvey “Two-Face” Dent y Mr. Freeze, entre otros, desempeñando la mayoría papeles la mar de entrañables, incluso sin formar parte de la historia principal. Los guiños a personajes menos eminentes también están: desde la publicidad del show de Vicki Vale, la presencia de Jack Ryder en las mismísimas calles de Arkham o el edificio de Maxie Zeus entre las ruinas de la caótica urbe.


Arkham City

No obstante, la cereza del pastel es la incorporación del nuevo personaje jugabe, Catwoman, quien resulta un soplo de aire fresco en cuanto al gameplay establecido por el hombre murciélago. Aún cuando su personaje llega a rayar en la ridiculez y no faltará quien lo considere sexista (e incluso misógino), es un personaje tan trabajado como Batman, aunque su pequeña intervención deje otra idea. Sus características dan un vuelco considerable al sistema de combate y, en especial, a las misiones de infiltración: al no contar con la armadura ni con los artefactos de Batman, Catwoman es más ágil y rápida pero también más vulnerable, replanteando estrategias y tiempos de ataque. Ha resultado una sorpresa de lo más grata, y a la espera de posible contenido descargable con ella o Robin —quien será personaje jugable sólo en misiones de prueba—, la muestra máxima de lo dinámico que resulta juego con nuevas incorporaciones jugables.

En cuanto a gráficos y sonido, Rocksteady ha vuelto a dar todo con el Unreal Engine y el majestuoso casting de voces, encabezado por Kevin Conroy y Mark Hamill en el papel de Batman y Joker —Hamill, por cierto, ha anunciado que se despide del personaje después de casi 20 años de darle voz en series animadas y videojuegos—. El apartado sonoro ha sido otro elemento crucial a la hora de insuflarle vida a la ciudad, pues no únicamente escucharemos cantidad de diálogos dentro de la ciudad que maximizan la experiencia, como los referentes a los rumores en torno a la mente detrás de esto o la presencia de Bruce Wayne, así como frases “sucias” dirigidas a Catwoman, sino que cada explosión, golpe, helicóptero o sonido inherente a una verdadera ciudad estarán presentes, dando ritmo a los latidos del lugar. Gráficamente encontraremos texturas pulidas y un nivel de detalle gozoso (papeles rodando por la calle con propaganda política, carteles con la figura de Hugo Strange o la campaña de Harvey Dent como fiscal), a la postre de un motor físico que recreará con maestría efectos de luz, niebla y gravedad.

Finalmente, ¿es coincidencia que sea Batman, muy probablemente el superhéroe con más auge comercial en la actualidad, sea el que protagonice éste, el mejor videojuego de superhéroes de la historia? Retomando la cuestión de la relación entre el personaje y el entorno, quizá Batman es el único personaje que ha hecho tan suyo su entorno, pues éste, Gotham City, es crucial para su lucha contra el crimen. En el ámbito del videojuego, habla mucho de las posibilidades que superhéroe del mismo tipo ofrecen, pues, sí se piensa un poco, ¿cómo podría crearse una relación personaje-entorno digna con alguien como Superman, Thor, Green Lantern o cualquier superhéroe destructivo, si estos sobrepasan con creces la fragilidad de sus lugares? No parece coincidencia que sean Batman y Spider-Man los dos personajes mejor parados en retrospectiva videojueguil, pues ambos, además de trabajar con (y no en) sus respectivas ciudades, poseen las características propias para lograr el equilibrio urbano necesario. No debe ser imposible trabajar con los colosos antes mencionados, pero, por el momento, no parecen tener cabida dentro de un género de sandbox urbano, el género más propicio para las historias de superhéroes en el mundo de los videojuegos.

Arkham City

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*Varios meses después de su salida, se descubrió un easter egg en Arkham Asylum bastante curioso : http://www.youtube.com/watch?v=ZNJ9gilJxjg

lunes, 24 de octubre de 2011

Un cachorrito agonizante no es una obra de arte

Ayer, acompañado de un grupo de gente, vi este esperpento de película. Es sobre una niña que padece cáncer y el viacrucis que ella y su familia sufren, saliendo a flote conflictos entre algunos miembros de la familia por dicha cuestión. El final, aun con cierto giro de tuerca, es sumamente predecible en su esencia: un circo levantado en torno al drama mundano, adornado con lágrimas y momentos bochornosos por su descaro a la hora de apelar en nosotros a sentimientos tan primitivos como superficiales.

Terminado el espectáculo, a alguien se le ocurrió comentar la película y todo el grupo se enfrascó en algo que pretendía ser una crítica comunal pero que termino en comentarios vacíos y clichés sobre el circo levantado al drama mundano, no sobre la calidad cinematográfica en sí. Cuando me tocó opinar —había un consenso general de que todos debían opinar, no obstante todas las opiniones convergían (o debían convergir) en lo mismo—, dije lo que creí: era una película estúpida y sin talento detrás, con hecha con el propósito explícito de hacer llorar y lucrar con ello.

No me faltaron contestaciones. En un ahondamiento en mi respuesta, dije que la película me parecía muy mala porque su “chiste”, el ponerte en contacto con tu lado “humano”, tenía la misma estructura de una película porno: mostrar secuencias sin sensibilidad artística, sólo escatología e imágenes que apelan a tu lado animal, no a tu lado humano. “Una película de hora y media sobre un cachorrito agonizante al que al final le dan un tiro de gracia frente a la cámara no es una obra de arte. Tiene la misma calidad que la filmación del sexo entre dos personas de 80 años o dinamitar a un hombre y ver, en cámara lenta, cómo vuelan los intestinos y los sesos por todo el lugar.”

Sintiendo ofendidos sus criterios artísticos, me pidieron que, si tanto sabía, diera un ejemplo sobre una película que fuera buena y que, según yo, apelara al lado humano. Usé una película que creí todos conocerían, ejemplificando con la escena cumbre de todo el relato:




Estaba preparado para argumentar, porque es una película a la que le tengo especial cariño y esas suelen ser muy criticables. Quería decirles sobre cómo esa escena, que a nivel superficial es estéril y sin significado (una mujer viaja en auto y ve frente a ella a otro auto, con un hombre al que aparentemente ama pero que al final se aleja de ella), es el resultado de todo una historia, el punto álgido de la narración, construido durante todo el metraje y entendible (y disfrutable y sufrible) sólo a quien en verdad logra tocar su lado humano y empatizar con los personajes, comprenderlos y entender las repercusiones de cada uno de sus actos, siendo el más importante, y a la vez el más sencillo y menos parafernálico, el final, donde los personajes han llegado a un estado en el que ni siquiera necesitan hablar. Lamentablemente, nadie conocía la película. La plática desvirtuó posteriormente en una película sobre un perro, en la que actúa Jennifer Aniston, y finalmente en El niño de pijama de rayas.

No tengo nada personal en contra del tipo de películas hechas para apelar a sentimientos a base de mecanismos pueriles —me encanta el porno, por si no ha quedado claro—; sin embargo, me parece increíble que haya una cantidad sustancial de gente que las crea como obras de gran calidad sólo por conmover. El arte, creo, debe apelar a tus emociones pero por miedo de caminos inexplorados (o poco explorados o bajo un foco inconvencional), o, en su defecto, construir en base una obra un punto específico que, si bien muestra algo previamente conocido, debe hacernos empatizar a un nivel profundo gracias al trabajo artesanal tras la edificación del punto (como lo que creo que es la escena de The bridges of Madison County).

El asunto es, en todo caso, discernir.

domingo, 4 de septiembre de 2011

It's all about the eyes

Llegué a una conclusión la semana pasada: toda mi vida voy a ser gordo. Fue algo que súbitamente se concretó como una certeza en mi mente al pensar en la enésima dieta o rutina de ejercicio. "No me gusta el ejercicio y me gusta mucho comer, así que nunca seré delgado", me dije, y puse un punto final al asunto.

La cuestión del físico es un eterno debate en nuestra sociedad. Una cosa es segura: a todos nos importa. Quizá el cliché de que aquellas personas a las que dicen no les interesa es a las que más les interesa, pues creo que en verdad hay gente a la que no le interesa en demasía, pero en el fondo sí desean verse de tal o cual modo. Pero sí, el asunto de la apariencia física —porque la salud importa un carajo— es tan vital en nuestra sociedad, sobre todo en los niños y los adolescentes, que se pierde la perspectiva sobre cosas importantes y, sobre todo, sobre el modo de valorar a las personas y empatizar con ellos a un nivel profundo.

En mi caso, la cuestión quedó zanjada, como ya lo dije, la semana pasada. Una parte de mí me dijo que era una actitud lamentable, pues estaba entregándome a una vida carente de moderación y disciplina, todo en aras de la pereza y la gula. Otra parte me reconfortó, pues se alegró de que por fin haya aceptado un hecho inevitable para una persona como yo y porque me despojó de preocupaciones y sentimientos negativos inherentes al cuidado estético —porque insisto, en estos menesteres lo que impera es la apariencia y no la salud— y a una vida (sic) de actividades indeseables y de simplemente no ser yo.

El ejercicio, por ejemplo. En mi vida he ido tres veces a un gimnasio con intención de iniciar un programa de ejercicio, una rutina. Voy una semana, dos, tres, cuatro a lo mucho. Después empiezo a hartarme, a encontrar vacío todo y a ver que aquello no da resultado. La quinta semana ya veo mis intereses muy afectados: paso las horas en el gimnasio pensando en los libros que no estoy leyendo, en los videojuegos que no estoy jugando, en los cómics que no estoy apreciando o en cuentos e historias que no estoy escribiendo. Finalmente caigo en cuenta de que paso todo el día ahí haciendo movimientos mecánicos mientras ardo en deseos de estar en otro lugar y decido terminar con ello. No quiero estar ahí en verdad, no tengo necesidad de estar ahí.

Con la dieta es algo parecido, aunque concedo la razón a que una dieta sí debe ser una obligación, por más que no me guste. Pero el asunto navega en las mismas aguas: inicio con todo el ímpetu de lograr algo y eventualmente me doy cuenta de que esto no es lo mío, que me gusta comer y que no dispongo de la paciencia ni el tiempo para planear momentos específicos para comer o ser selectivo en ellas.

La declaración personal surgió, sin embargo, no por mi repulsión a ejercicio a dieta, sino a algo más simple: una sonrisa. Una persona con la que salí, con la que me divertí mucho y con la que me sentí muy bien. Hubo en momento en donde me di cuenta de que a esa persona no es que no le importara mi físico, sino que, al contrario, le importaba mucho. Le gustaba cómo soy, con todo eso tan alejado de lo que la construcción moderna de la belleza dicta. Me sonrojé, pues más que sentirme halagado, me sentí sumamente estúpido. Otra cosa noté: él tampoco era un estereotipo de belleza y aun así me provocaba muchas cosas. Me agradó lo que miraba, me agradó a quién miraba.

Y comprendí lo más elemental del mundo: todo está en los ojos de quien mira. O en su corazón, no sé. Y también comprendí que siempre habrá alguien con los ojos específicos para ti, y que ese alguien no tiene que ser sólo una persona ni tiene que ser alguien raro o "feo". Siendo conscientes de la gama de parafilias del ser humano, no queda de otra.

Admito que me gustó darme cuenta de todo esto. Creo que aprendí a amar mejor.

lunes, 29 de agosto de 2011

Envidia de los muertos

Hace algunos años tuve una crisis sobre la muerte. Uno de los vecinos de mi abuelo, un muchacho de mi edad, se había suicidado. Su muerte representó varias cosas para mí: por un lado, estuve frente al primer caso de "hubo tantas cosas que no nos dijimos"; por otro, encontré que mi ideal de vida, una que se prolongaba hasta mi vejez, era tan sólida como un castillo de naipes. Podía morir en cualquier momento.

De ahí empecé a obsesionarme más de lo saludable con la cuestión de la vida después de la muerte. "Mi vida puede acabar en cualquier momento", pensaba, "y quiero saber qué hay después, o si hay un después". Pasó el tiempo y, a causa de mi trabajo en periódicos, empecé a ver muerte por todos lados, y a ver cómo las cosas malas no sólo ocurrían a quienes lo merecían, sino que era una cuestión que llegaba a parecer incluso aleatoria. E inició la espiral: asesinan a balazos, de carro a carro, a un amigo, hermano de un compañero de clases y una de las personas más nobles que he conocido; destrozan a balazos a un compañero de secundaria afuera de un antro de "distinguida" zona de Culiacán (meses después me enteré que su asesinato fue, justamente, el causante de un toque de queda extraoficial en Culiacán durante el 2008); matan, en fuego cruzado, a un joven que trabajaba en el mercado Garmendia; dan muerte al hijo de mi muy apreciado jefe; "levantan" y asesinan a Humberto Millán, periodista político cuyo asesinato apunta totalmente a cuestiones 100% políticas... "Levantados", torturados, asesinados, terrorismo, abuso animal, violaciones, accidentes víales. Muchos, muchos muertos, todos los días.

Y llegué a un punto en que no pude evitar sentir envidia de los muertos. Mi obsesión con la vida después de la muerte se nubló por las muertes que me rodeaban. El trabajo empezó a sentarme mal (y sigue haciéndolo), y, como cualquier persona al tanto de lo que ocurre, la esperanza de un mejor país empezó a volverse cada vez más utópica. Después de romperme la cabeza por la cuestión de la muerte —nacida de mi miedo infantil por morir—, en estos últimos días la he abrazado más de lo que me gustaría, pues la percibo latente y familiar hoy más que nunca. No sé en qué momento empecé a sentir envidia de toda esa gente que se muere, pero me sorprendí cuando caí en cuenta de ello: esa gente no tendrá que lidiar ya con nada de esta, con matanzas, con depresión económica, con días sin sentido, con el gobierno, con el presidente, con todas esas cosas que están lacerando a México y que la están convirtiendo en una mierda, algo donde muchos no queremos estar al morir.

Y puede sonar banal e irrespetuoso, pero soy sincero: empiezo a sentir envidia de las personas que se mueren. No sé qué tanto tendrá que ver eso con mi modo tan pesimista de ver la vida o la situación actual de México, pero viendo que cada día parece superar al anterior en lo que respecta a cosas malas en México, mi capacidad de lidiar mentalmente con todo esto se encuentra menguante. Cada día se da fe de la incapacidad de México, de su gobierno y de su sociedad; de ofrecer un futuro a la gente de mi edad y a la más joven ("¡Alguien piense en los niños!"), por lo que, no pudiendo ofrecer prosperidad para el futuro, no sé cómo se pretende que este país salga adelante. No hay seguridad, no se respeta a la vida y la gente empieza a dejar de quererse. Esta tradición mexicana de egoísmo —uno de los pilares de la sociedad mexicana del siglo XX— no llevó a nada bueno a nuestros abuelos y nuestros padres: nos tornó en entes sin importancia social, cuando deberíamos ser una fuerza impoluta y perfecta contra cualquier cosa mala que nos aceche.

Superé mi trauma sobre la vida después de la muerte. Si no hay nada después, bienvenido sea. Siento envidia ahora de esa nada, pues aquí están pasando tantas cosas que a veces creo que no puedo con ellas.