
Construir castillos de naipes es relativamente fácil. Todo está en ti, no necesitas a nadie más para hacerlo. Son un excelente distractor y una buena actividad para. Una excelente manera de ocupar una mente ociosa, como dijo el profesor.
El asunto por el que es bueno para mí construir castillos de naipes es porque así puedo alejarme un rato de los malos pensamientos que me atacan. Me centro completamente en ellos: estimo la posición acertada de las cartas, las posiciono con lo más cercano a la precisión quirúrgica que puedo imitar, cada cierto tiempo me detengo y contemplo satisfactoriamente cuáles son mis logros hasta el momento: un nivel, dos niveles, tres niveles... Es gratificante ver cómo he aguantado todo este tiempo sin ningún distractor, cómo he tenido la suficiente constancia y disciplina para hacer de aquello algo que refleja mi capacidad creativa y mi capacidad de enfoque, la capacidad de domar mi mente de los pensamientos malsanos que me atormentan día y noche (especialmente por la noche) y la capacidad de sobrevivir más allá del comer, respirar y defecar.
Lo lamentable es que tú, gran hijo de puta, te aparezcas cada vez que se te hincha tu puta gana y te conviertas en el centro de mi universo. Entonces las manos me tiemblan y los ojos se me humedecen. Me miras de lejos, juegas conmigo y yo vuelvo a aquellos pensamientos malsanos. Te rías por dentro, lo sé. Me tiemblan las manos, me es imposible ver ya con tantas lágrimas y derribo el castillo de naipes: ese precioso castillo de naipes al que tanto esfuerzo y dedicación le había dado por semanas; ese castillo de naipes que, con su compleja construcción, me decía "¿Ves? Puedes vivir sin él". Ese castillo de naipes que era mi último refugio, mi fortaleza de la soledad, la columna vertebral de mi sanidad mental, una esperanza de pasar por fin de ti y de tu molesta indiferencia hacia mi persona... ese castillo ya no es nada. Son cartas tiradas y lastimadas.
Y ahora hay que recogerlas. Hay que volver a ordenarlas, contarlas y empezar de nuevo a construir el castillo de naipes. Con suerte lo termino antes de que tú, cabrón de mierda, tengas el atrevimiento de pararte frente a mí. Con suerte muero antes. Con mucha suerte lo harás primero tú.
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No entiendo: ¿Por qué la manía de fijarnos y encapricharnos con gente a la que no le agradamos o gustamos? Habiendo personas a las que verdad le agradamos y a las que gustamos, elegimos a las personas más patéticas y pinches para encapricharnos. Yo no lo termino de entender, por más que tenga gente (babosa) que se la tira de humano evolucionado y cree que explicando todo lo referente a las relaciones humanas como una situación de causa-efecto o acción-reacción son superiores. El pedo no es así, y eso todo lo sabemos. Y yo no termino de entenderlo. El único consuelo del que se alimenta mi alma es que, con malicia de por medio, un día tendré mi momento Gone With The Wind y las cosas cambiarán. Lo espero.




















