domingo 7 de junio de 2009

Arriba y hacia el sur

Up

Up, de Pete Docter y Bob Peterson, se estrenó hace unas semanas en Cannes. La crítica se deshizo en halagos, aunque hubo una opinión que a mí me llamó la atención:
La historia sin interés de un viejo viudo que ata globos a su casa y vuela sobre Venezuela con un chico, para seguir la misma fórmula que las anteriores nueve películas de Pixar. [...] (Los espectadores) compran animación para extender sus infancias, como hombres que compran coches que son símbolos fálicos.
El crítico de cine que dijo tales palabras se llama Armond White (pueden checar su perfil en Rotten Tomatoes aquí). Entre otras películas en las que ha vomitado, encontramos a Zodiac, a The Dark Knight y a Slumdog Millionaire según lo que leí en Blogdecine.

La opinión me llamó la atención porque es algo que, justamente, he estado notando de muchos amantes de las películas animadas: pretenden demostrar una especie de buen gusto cinéfilo y también de emotividad humana y pureza espiritual al decir que aman una película infantil. Es como las personas que dicen que El Principito es su libro favorito: no están diciendo que son personas puras/abiertas de mente/con buen gusto artístico, sino personas con un acervo cultural pobre o al que aún le falta ser trabajado (y no estoy diciendo que la obra de Saint-Exupéry se mala, aclaro).

Toda esta cuestión de pretenciones humanas y culturales tuvo, a mi parecer, su máximo exponente con Wall-E. Las personas que ponían a la película del robot como la máxima obra de arte de la década hablaban mucho acerca de lo que humanísticamente proyectaba el personaje principal de la película (según ellos) y sobre como todo era romance y belleza; ninguno reparo en su estructura histriónica, en el guión, en la evolución de la historia. No: la opinión general es que el Wall-E y su relación con Eve era algo tan humano y hermoso que "pa' que le ponemos atención a la película".

Hoy domingo me tocó ración doble de cine: por la mañana me eché Up y por la noche Star Trek. De Viaje a las Estrellas ya hablaré en otra ocasión (brevemente, eso sí), aunque he decir que me gustó más esta útima.

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Como cada año, quien se jacte de ser buen cinéfilo estará pendiente de la obra con la que Pixar piensa consentirnos en la ocasión. Es hasta hilarante ponerse a reflexionar sobre las historias de la filial de Disney: en 2005, la historia giraba en torno a superhéroes en decadencia que recibían una segunda oportunidad; en 2006, la cuestión era un universo ficticio donde la especie dominante eran carros antropomórficos; en 2007 mostraron, a mi parecer, su historia más surreal y a la vez más fina: un ratón se alía con un pinche de restaurante francés para convertirse en artista culinario. En 2008, dejaron ver al mundo un robot flick semiapocalíptico con mensaje ecológico incluido. Y, finalmente, 2009: la historia de un octogenario que decide amarrar globos a su casa para así volar hacia Venezuela y cumplir una promesa a su difunta señora.

Carl Fredricksen es un hombe que tuvo la fortuna de vivir sus mejores años al lado del amor de su vida, una señorita llamada Ellie a la que conoció desde pequeño. Pese a las desdichas que la vida les presentó (como el no poder tener hijos o no tener suficiente dinero para cumplir su sueño viajar a Venezuela), tanto Carl como Ellie vivieron en un edén terrenal durante décadas, hasta que el ciclo de la vida entró en acción y, lamentablemente, separó a ambos escuincles enamorados, dejando al señor Fredricksen solo en su pequeña casa, la cual buscan destruir para construir algún imponente edificio en el terreno.

Dado que al viejo Carl no le queda nada más excepto cumplir el sueño de su amada dama de vivir aventuras en el sur de América, transforma su pequeña casa en una nave voladora capaz de surcar los cielos con la ayuda de miles de globos con helio. Sin embargo, no todo ha salido como él quería, ya que se ha llevado consigo por accidente a un regordete y pequeño boy scout llamado Russell.

Up
Repito lo que le dije a mi acompañante: Russel es igualito a Humpty Dumpty

En primera, sí: estamos, por enésima vez tratándose de Pixar, frente a una de las mejores películas del año. Técnicamente no voy a ponerme a alabarlos porque ya sería caer en el justificable cliché, por lo que me iré directamente a la cuestión artística.

Si ya muchos quedaron maravillados con el romance de Wall-E, el derroche de cursilería y amor que despliega Up dejará encantado a todo aquel que tenga un poco de humanidad en el órgano bombeador de sangre. Porque, increiblemente (para mí), toda esa cursilería está justificada a la hora de presentar a Carl Fredricksen, el protagonista.

Durante la primera media hora, Up sigue el mismo rollito de Wall-E de iniciar con un despliegue artístico y visual que hace que entres en un estado de euforia contenida que no muchas películas logran. Iniciamos con una secuencia en donde se nos presenta a Carl y a su amada Ellie de un modo tal que, prácticamente, funciona como un modesto y disfrutablemente encantador -no se me ocurre otro adjetivo- cortometraje aparte que supera por sí solo a muchas de las películas en cartelera en la actualidad. La música de Michael Giacchino es un complemento que eleva a dicha secuencia a un nivel de perfección artística y narrativa que muy probablemente estará nominada al Oscar el siguiente año.

Sin embargo, Up baja su nivel perfección al terminar dicha secuencia y entra en una fase que, si bien nunca deja de entretener ni de dar algunas sorpresas, se llena de muy notables detalles negativos de los que, creo, se pudieron prescindir fácilmente. Entre ellos, se encuentra muchos personajes secundarios, como el ave Kevin y el perro Dug. Ambos (así como la jauría de perros relacionada con ellos) son elementos burdos y muy desaprovechados que llegan incluso a estorbar en el desarrollo de la película. Y es que, en un sentido más amplio, he de lamentar que ningún personaje (a excepción de Carl y, parcialmente, Russell) logra un verdadero desarollo histriónico o un atractivo para la historia, ya no digamos una empatía con el público. SPOILER Remarcar aquí a Charles Muntz quien es, con mucha diferencia, el peor antagonista de Pixar. FIN DEL SPOILER.

En cuanto a la historia, puede tomarse desde dos puntos de vista: en uno, tenemos una película de aventuras que no pretende hacer otra cosa que hacer pasar al espectador un rato agradable y divertido; en el otro, tenemos una historia que, aunque desde el principio deja en claro su naturaleza semifantástica, se vuelve bastante ridícula y hasta penosa a medida que avanza la trama, como SPOILER todo el asunto del Charles Muntz y sus ridículos perros multifuncionales FIN DEL SPOILER y, evidentemente, el eje central de la película: una casa que vuela gracias a miles de globos atados (lo cual de entrada es científicamente imposible en este caso, ya que tanto se necesitan más de un millón de globos para hacer volar una casa de esas proporciones como también se necesita una distribución de globos en toda la construcción). En mi caso, decidí tomármelo más como en la primera opción y disfruté bastante el visionado, e incluso hasta lágrimas hubo por ahí.

Y aunque el asunto de la aventura si llega a tornarse muy infantil (peyorativamente hablando) y hasta repetitivo, Up tiene ciertos destellos de madurez que pueden pasar desapercibidos para el público infantil y para la mayoría de la audiencia adulta, como el hecho de que es la primera película de Pixar en donde se muestra sangre humana (en un contexto serio y hasta dramático); el tratamiento de la muerte de una persona desde el punto de vista de la nostalgia y la tristeza, el uso de elementos completamente serios para la construcción de personajes -esa escena de Carl y Ellie cuando les dicen que no podrán tener hijos me resultó muy pesada- y, aventurándome un poco, algo de hormonas y sexualidad en la relación entre Carl y Ellie (o será que tengo la imaginación muy alebrestada).

En conclusión: sí, está muy buena y deben verla; no, no es la mejor película de Pixar (aunque esto no debería importar ya, pues que no sea la mejor no la exime de ser excelente); sí, está sentimentaloide y no, no es perfecta. Es humana y cálida (como Wall-E), caray.

Up

Calificación: 8.5/10


Up

Up
Estados Unidos; 2009
Dirección: Pete Docter & Bob Peterson
Voces: Tito Reséndiz, Irving Corona, Edgar Vivar, Roberto Carnaghi

5 comentarios:

Pancho dijo...

Bravo por la reseña/opinión muy buena que has dado; yo la iba aver ayer pero finalmente me espero hasta el miercoles. La que si pude ver es la de star trek, qe he de admitir me tuvo retorciendome en mi asiento y eso pasa en las buenas peliculas:p
en fin william, mando un saludo

Wittenbergman dijo...

Pero claro que es sentimentaloide: ¡Disney es Disney, jored! Y en cuanto a Star Trek, yo vi la primera, una en la que vuelven en el tiempo y otra en la que Spock se vuelve niño, y las recuerdo como basura, como debe hacerlo cualquier fan de Star Wars que se precie de serlo. Otra vez: basura.

Artheón dijo...

¡Jo! "Disney es Disney". Me uno al comentario. Muy buena reseña aunque cargada de cinismo anti-Disney. Hahahaha.

William Saints dijo...

Sí, Disney es Disney. Pero Pixar no es Disney.

Fargok dijo...

Son esos elementos, el no poder tener hijos, el nunca lograr ir a Venezuela con Ellie y la muerte misma de Ellie los que me estresaron demasiado y me hicieron desear más cursilería pero de la bonita que te hace decir "Awww..."

Y concuenrdo contigo: el antagonista es terrible. Pero los perros están bien monos xD. Dug me gustó mucho, porque creo que retrata muy bien lo que es un perro y los sentimientos sencillos y nobles que los perros tienen. Cuando le dice a Carl "me escondí en el pórtico porque te quiero" solté uno de los aws más grandes de mi vida, y es que los perros así de sencillos y aw son xD. Me hubiera gustado que desarrollaran más a ese personaje.